Luis Antonio Barrera Hernández

Hace poco estuve presente en una reunión con varios, charlábamos, reíamos y compartíamos experiencias, dentro del grupo de amigos Joel y Dafne eran la única pareja;  la plática de continuaba y entonces  saltó una pregunta: “¿Y cuándo esperan casarse?”. Ante tal pregunta Joel y Dafne se sonrojaron, ella, reía nerviosa y lo miraba insistentemente, él, entrando en pánico sólo pudo responder: “Aún no se si queremos casarnos”, un profundo silencio invadió el ambiente y Dafne se mostraba sorprendida. Fue en ese momento que decidí romper la tensión, lanzándole a Joel una expresión que no pensé mucho, de la manera más espontánea dije: “Entonces no le hagas perder su tiempo”, fue un comentario tomado como broma en un principio pero que sin duda dejo pensando a la pareja e inclusive me atrevo a decir que no sólo a ellos. Me puse a reflexionar acerca de las relaciones de pareja, es por esto que hoy quiero compartir esto con los lectores.

El noviazgo

A través de la experiencia pero sobre todo en mi formación como católico y profesional, sé de antemano que el noviazgo es el pilar para un matrimonio sólido.

El noviazgo, es una etapa para conocer a la otra persona, convivir con ella, aprender a quererla para posteriormente amarla, pero esta relación se debe llevar de una manera austera, es importante saber cuáles son las bases de un buen noviazgo.

Todos hemos conocido al menos a una pareja de la cual podemos decir que cuando eran novios “derramaban miel”, podían estar abrazados todo el día, las horas se les pasaban entre besos y caricias. Pero, tal pareciera que al casarse simplemente se hartaron, el amor que tanto se había proclamado y que inclusive se presumía se había desgastado, volviéndose monótono, rutinario, aburrido. No es una regla que se siga en todos los casos pero es cierto que es un patrón que suele repetirse; razón por la cual el noviazgo debe ser austero, es decir, darse poco a poco, paso a paso, como se le enseña a un niño pequeño a caminar, siendo precavido y pisando con cuidado.

El noviazgo debe mirar sólo hacia una dirección, el noviazgo debe ser llamado a algo más grande…¡el matrimonio!

Aquella frase que dije a mi amigo Joel gira en este sentido, si un noviazgo no tiene como objetivo el matrimonio, simplemente estamos jugando, el noviazgo no es sólo para saber que se siente estar con alguien, para conocer chicas o chicos apuestos, no es para convivir o peor aún dar consuelo a los ratos de soledad ya sean los nuestros o los de otra persona. El noviazgo, nos prepara y nos hace conscientes de una expresión mayor de amor que es el matrimonio. Previamente al noviazgo hay que tener una certera visión de la amistad, tema que tocaremos en otra ocasión.

Riesgos en el noviazgo

Sin duda alguna el mayor riesgo del noviazgo es verlo como un simulacro o un entrenamiento del matrimonio. Comparar al noviazgo con un “matrimonio chiquito” es algo totalmente fuera de lugar; el matrimonio tiene características propias que el noviazgo no debe adoptar.

Uno de los temas que debe enfatizarse más en el noviazgo es la castidad ya que la unión conyugal es uno de los fines del matrimonio, la entrega total de amor es un acto que debe ser reguardado por el matrimonio, cuidar la castidad depende de ambos en la relación, es necesario aprender a querer con ternura y no con deseo, saber ser castos en nuestras acciones, en nuestras caricias, palabras y pensamientos. El amor sabe esperar, que gran dicha es para una pareja poder llegar al matrimonio y entregar lo mejor de sí, entregarse plenamente sin temores al ser amado.

He visto a mujeres jóvenes que al invitar a comer a su novio a casa le atienden como al jefe de familia, otras más le lavan la ropa o hacen por ellos actividades propias de una ama de casa. Responsabilidades que no le corresponden a una novia, son labores de un hogar consolidado, propias de la madre o padre de familia. No son actitudes y acciones que se limitan a las mujeres, también los varones llegan a asumir roles que le atañen al esposo con sus novias. Olvidando que jugar a la casita dentro del noviazgo sólo desgasta o fragmenta la relación.

Del otro extremo tenemos aquellos novios que se lo toman muy a la ligera, los que tienen relaciones desechables, conociendo y pasando por varias relaciones como si se tratara de escoger golosinas en una dulcería. Reiteramos el noviazgo debe tener como principal fin el matrimonio.

Otro caso que suele estar muy presente son los novios que no se respetan entre ellos, aquellos que se hablan con palabras altisonantes o llevándose “de a cuates” como coloquialmente se diría,; como persona y aún más como novios, el respeto es fundamental en cualquier relación humana.

Aprender a amar

Hay una gran diferencia entre amigos, novios y esposos, aprender a llevar un noviazgo pleno nos garantiza llegar a un matrimonio estable, con unas bases firmes, el noviazgo puede ser una de las etapas más bellas de la vida de pareja, las experiencias que se viven son únicas, aprovechemos al máximo esta etapa, conociendo y aprendiendo de la otra persona, asegurarnos que es la persona con la que deseamos compartir nuestra vida, conocer su buenos momentos y los malos, viviendo en castidad para darle al otro lo mejor de nosotros, sabiendo el lugar que nos corresponde como novios y respetando desde un inicio nuestra dignidad como personas, aprender a amarnos para poder amar a los demás, que el noviazgo sea una dulce ruta hacía la plenitud del matrimonio, recordemos que el amor siempre da frutos.

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