Por: Donovvan Santillán

Mucho me temo que, en ocasiones, uno ignora el hecho de vivir caminando sobre una cuerda floja hasta que pierde el equilibrio. He de ser absolutamente sincero (asumiendo el riesgo de ser políticamente incorrecto), realmente la pandemia no me interesa por sí misma: siempre habrá crisis de esta naturaleza y sus causas variarán al infinito. Incluso mientras escribo esto pienso que ni siquiera tiene sentido hacerlo, es decir, para qué, en todo caso debería estar ahí fuera dejándome la piel para ayudar a quién lo necesite y aportar a la solución del problema. No me planteo que algo cambie mágica o radicalmente. Durante la crisis financiera de 2008 veíamos imágenes de despidos masivos y desempleos, pero cuando el crecimiento progresivamente (aunque jamás a los niveles pasados) fue recuperándose, nos dimos cuenta que se tomaban las mismas decisiones irresponsables: endeudamientos indebidos, sacrificar la familia por el crecimiento económico o profesional, hacer gastos como culto al ego personal o para encajar en cierto grupo como una estrategia de sobrevivencia…quién sabe, quizá las caras enojadas o entristecidas lo estaban porque extrañaban su antigua posición y no por el efecto económico en sí.

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